El kiosquero abre con manos entumecidas mientras el panadero deja bolsas humeantes en la esquina. Un anciano hojea titulares apoyado en la barandilla y sonríe al reconocer al autor de los churros. La plaza huele a tinta, harina y noticias prometedoras que aún no conocen decepción.
El primer chorro anuncia que el compresor ha vencido al frío. Madres llenan botellas, un perro calcula distancias, y el reflejo del cielo mide los minutos. Quien pasa temprano aprende a leer el agua como calendario discreto de costumbres compartidas.